La Deke

Pintura

Ana Agarp (Barcelona, 1983), conocida artísticamente como La Deke, comenzó sus estudios en Bellas Artes y se especializó posteriormente en Arquitectura de Interiores en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid (ETSAM). A pesar de esta formación, su práctica se ha centrado principalmente en el dibujo y la pintura.

Inició su trayectoria artística explorando la pintura figurativa sobre tabla y murales de gran formato. Con el tiempo, su búsqueda de nuevas formas de expresión la condujo hacia la ilustración, incorporando técnicas como la tinta, la acuarela y acrílicos de pigmento más denso, con los que desarrolló un lenguaje más fluido sin renunciar al detalle minucioso que caracteriza su obra.

Su trabajo está profundamente marcado por la arquitectura y el paisaje urbano. La representación de edificios, comercios y espacios de la ciudad constituye el eje central de su producción artística, poniendo el foco en la huella del tiempo y en los procesos de transformación del entorno urbano. Un aspecto relevante de su práctica es la inclusión de grafitis, entendidos como signos de identidad y memoria colectiva.

Paralelamente a su actividad artística, ha trabajado como diseñadora, realizando ilustraciones y obras por encargo.

Statement

Mi obra se centra en la ciudad como un organismo vivo, en constante transformación, donde la arquitectura y el paisaje urbano se convierten en testigos silenciosos del paso del tiempo. A través de la pintura y la ilustración busco retratar la fragilidad de los espacios cotidianos cuando son abandonados, así como la belleza inadvertida que emerge en su decadencia.

Partiendo de una primera etapa figurativa en acrílico y murales, mi lenguaje ha evolucionado hacia técnicas que me permiten una mayor fluidez y expresividad, sin renunciar al detalle. Este proceso ha ampliado mi manera de observar y representar el entorno urbano.

Los comercios cerrados, las fachadas olvidadas y los rincones marcados por el grafiti constituyen el núcleo de mi interés. En ellos documento no solo un paisaje que desaparece, sino también la memoria colectiva que lo habita. Los grafitis, reproducidos con precisión en mis obras, funcionan como una cartografía de identidades y territorios, capaces de situar al espectador en un barrio, una calle o una esquina concreta de Madrid o de cualquier gran ciudad.

Entiendo mi práctica artística como un ejercicio de observación y rescate, una forma de dar visibilidad a aquello que la rutina nos hace ignorar y que termina desapareciendo: la poética de lo efímero, lo decadente y lo urbano.